Para variar me he desperté a las 4:00 am. Esperé hasta las 5:30 para salir de la cama. Mientras tanto pensaba y bajaba letra para seguir escribiendo. Son las 7 y la claridad del sol ya se asoma por detrás de la montaña, más tarde, entre los pinos, ya se filtrarán sus rayos de luz. Acá no es como en el mar, no hay horizonte, el sol tiene que subir bastante para que podamos verlo pero su luz ya se hace presente desde temprano… Así es la Patagonia.
Vuelvo a mis pensamientos. Desperté con una canción que es de una española cantante que se llama Bebe que dice así: “malo, malo, malo eres no se daña a quién se quiere” “tonto, tonto, tonto eres, no te pienses mejor que las mujeres” Tiene una parte más lenta dice “otra vez no, por favor. No grites que los niños duermen” Hace tiempo que presto más atención a las letras de las canciones, su intención y su significado. Sobre todo porque son una manifestación individual y a la vez social. El lenguaje crea realidades. Con todo lo que alimentamos nuestra mente se queda grabado para luego operar desde el inconsciente. Así funciona. Entonces volviendo la canción, me resuena el ritmo adecuado a lo que se quiere transmitir, rabia, enojo, tristeza, cansancio. Y Me detengo en la letra, claro, tiene razón, no se daña a quién se quiere, en el hipotético caso de que en esa relación a la que se hace alusión haya algún tipo de amor. Pero también dice “otra vez no, por favor” lo que me lleva a la conclusión evidente de que no es la primera vez que sucede el maltrato y que ya hay niños de por medio, cosa que agrava aún más la situación. Por lo tanto hombre maltratador, mujer y niños víctimas eso está claro, situación que suele suceder recurrentemente. Paremos aquí.
Mujer ¿Cuántas demostraciones de “cariño” necesitas para salir de esa situación? ¿Qué te detiene? ¿Cuál es el miedo? Mujeres y niños mueren diariamente haciendo visibles estas situaciones que antaño se escondían bajo la alfombra. Estamos casi terminando el 2022 ya estamos sembrando una nueva humanidad ¿por qué no nos vamos antes?
En una ocasión viviendo en Barcelona con mi pareja de ese momento, decidimos alquilar la habitación sobrante en nuestro departamento para abaratar costos de nuestro alquiler. Por esas casualidades de la vida nuestro cuñado nos contacta con una compañera suya de trabajo que buscaba desesperadamente un lugar. Rápidamente la llamamos y vino a conocernos. Charlamos un buen rato con ella, parecía muy nerviosa y pensé que era lógico, no nos conocíamos y estaba algo desesperada. Vino con lo puesto y poco más y pidió quedarse esa misma noche. Arreglamos todo y se quedó. Al otro día se fue temprano a trabajar y así cada día con lo puesto. Pasaron unos días y hablamos un poco, me cuenta que se había separado y por eso buscaba un lugar tranquilo para estar, por lo que estaba agradecida de poder estar en nuestra casa. Un día, me llama desesperada, que tenía que ir a buscar sus cosas, que si no lo hacía en aquel momento ya no iba a poder sacarlas del departamento donde estaban porque su ex pareja había salido y ella tenía miedo de que volviera mientras las sacaba. Me pidió que la acompañara. Noté un desespero mayor. Podía percibir un miedo extremo. Nos tomamos el tren de cercanías desde mi ciudad hasta el centro de Barcelona. En el camino, me advirtió que el hombre era policía, que era muy violento y que ella se había escapado ya varias veces pero esta vez él no sabría dónde buscarla. Por eso teníamos que sacar las cosas rápido antes de que él volviera porque era peligroso. Ay Dios. Comencé a sentir el miedo en mis venas y a imaginar lo peor. Aquel tiempo no pasaba más. Llegamos al departamento, entramos y mi instinto de supervivencia me preparaba, enseguida comencé a dibujar en mi mente alternativas de salida por si el hombre llegaba. Hombre violento, más novia fugitiva igual tragedia. Pude percibir el ambiente cargado de violencia, humo, alcohol, sin ventilación, oscuridad. Mientras ella agarraba sus cosas al azar poniéndolas en bolsas, no había tiempo para el orden, yo observaba la cachiporra negra sobre la mesa de luz, lo primero que pensé si viene, la agarro y le doy con eso. Pero el miedo me tenía estupefacta y a ella la hacía correr por todo el mono ambiente revolviendo todo y agarrando sus pertenencias. Vio mi cara de espanto al ver la cachiporra y me dice “con eso me daba” y me muestra las marcas de los moretones que aún le duraban. Nunca sentí tanto escalofrío de solo pensar que esa persona podría presentarse en cualquier momento. Me sentí como en una película de terror no fuimos Ya en casa sanas y salvas. Ella se acomoda. Me agradeció lloro, lloramos juntas.
Me resonaron sus palabras “me salvaste la vida”. Pasaron los días y hablamos mucho, me regaló uno de sus libros de interpretación de los sueños, nos hicimos gran compañía. Una noche no volvió y al otro día tampoco y así, tampoco contestaba los mensajes ni las llamadas, ni siquiera había ido a trabajar. No sabía dónde ni cómo encontrarla, sus cosas seguían en casa. A los días me llama y me cuenta que había vuelto a su casa, a su departamento con su expareja (el de la cachiporra) estaba muy contenta y muy feliz y pasaría a buscar las cosas en cualquier momento. Y así fue, vino y me pidió que no bajara, yo vivía en un segundo piso, que él la esperaba abajo y no quería que lo viera. Mientras agarraba sus cosas de la habitación me dice “pronto vas a tener un bebé y yo me tendré que ir así que está bien así” pude sentir su paz, su tranquilidad y a la vez su resignación de volver a lo viejo conocido, nos abrazamos y le deseé lo mejor. Sentí nostalgia, yo estaba confundida, no entendía su decisión, me preguntaba qué la hacía feliz de todo aquello y más aún cómo sabía que yo iba a tener un bebé si ni siquiera le había contado mi deseo de ser madre, pero lo que más me impactó fue su pasó lento al irse, como si quisiera quedarse, como si por fin había logrado ser libre y volvía a su propia cárcel como si no hubiera más posibilidades para ella. Cerré la puerta y sentí el vacío de la habitación en la que ella estaba y me puse a limpiar. Seguía y aún sigo sin entender por qué volvió, nunca más fue a trabajar.
Retomando el tema de las letras de las canciones hemos crecido y sido criadas por generaciones de mujeres que adoraban a Cacho Castaña quién cantaba “si te agarro con otro te mato” o Luis Miguel “la incondicional, la que no espera nada” hasta mismo Jon Bon Jovi, de quién me he declarado fanática a muy corta edad, con su letra “si no me amas miénteme” o “el anillo de diamantes puesto en tu mano le dirá al mundo que soy tu único hombre”.
Mujeres, entendamos que este ha sido y aún sigue siendo para nuestro inconsciente el concepto de amor que tenemos, un romanticismo desesperadamente apegado que lejos de querer la libertad y el crecimiento mutuo hace apología de la posesión y sumisión de la mujer al hombre poniendo en muchos casos al hombre como víctima muriendo de desamor sí partíamos lo dejamos o nos o nos negamos a la relación o viceversa. Hemos sido criados, tanto hombres y mujeres, por mujeres que cuidaban mucho a sus hombres porque eran ellos quiénes procuraban el sustento y eso les otorgaba a ciertos derechos. Estas mismas mujeres cuyos hijos varones tuvieron el privilegio de no hacer nada en la casa sólo por ser hombres. Los mismos hombres que hoy se mueren sin su mujer al lado porque no se saben hacer un huevo frito.
Por suerte todo esto se está transformando, sin embargo aún nos queda mucho por reeducarnos y cambiar.
Por mis hijos no me quedé, por mis hijos aprendí, me desarrollé por y para ellos. Pero sobre todo por mí. Qué ejemplo les estaría dando si me quedase en un lugar donde no soy feliz solo porque no puedo irme por la razón que sea. Les estaría transmitiendo que hay que aguantar, que hay que sacrificarse, que hay que dejarse humillar, maltratar y un sinfín de mensajes más que podrían llegar a transmitirse por la sola acción de quedarse en un sitio o situación o con una persona que no nos hace bien. Y esto es válido para todo tipo de relaciones y tampoco olvidemos que nadie obliga a nadie a elegir, que llegamos allí por voluntad propia, fuera de las culturas que aún exigen casamiento arreglado, nosotros podemos elegir. Y esto es una bendición. Tomemos conciencia y tengamos el honor por aquellas que no pudieron, no supieron cómo o no quisieron irse. Y aclaro que esto también es válido para los hombres, porque conozco muchos casos de violencia a la inversa y que tampoco se van por miedo, lo que me hace concluir que ya no es cuestión de género sino de calidad de personas. Yo amo a los hombres y los honro, también a las mujeres y las honro e invito con estas líneas a tomar conciencia a todos de la clase de amor que estamos sembrando y cosechando que empecemos a cambiar nuestras propias semillas accionando diferente con respeto, con empatía, con una mirada amplia y amorosa, porque al fin y al cabo somos todos seres humanos. Podemos elegir. Hoy podemos hacerlo, es nuestro derecho ganado y es casi una obligación ante las generaciones futuras.
¿Qué clase de mundo queremos dejarles?