Ser madre a los 40

Un nuevo comienzo.

¿Y lo vas a tener? Me preguntaron.

Para ponernos en contexto hoy el aborto ya es legal en nuestro país las mujeres podemos decidir si deseamos o no interrumpir un embarazo. La venida de los niños no deja de ser en todos los tiempos un tema controversial. Voy a hablar desde mi perspectiva de mujer porque es el rol que me toca. Claro que sería interesante incluir la perspectiva de los hombres también y quizás lo haga en el transcurso del tiempo. La primera vez que escuché la pregunta del inicio fue en 2007, tenía 25 años, vivía en España, en Badalona, una pequeña ciudad de Barcelona. Todavía recuerdo la escena, había estado con vómitos y mucho dolor de estómago, había caído en cuenta que la regla no me había venido y fui al hospital. Me dieron dos opciones o es una gastroenteritis o estás embarazada. (Cabe destacar que hoy la gastroenteritis tiene 15 años). Sola, me presento ante un señor de guardapolvo blanco, sentado detrás de un escritorio, distante, que apenas levantó la vista para mirarme. Me siento, le muestro los resultados esperando que me diga lo que hacer y me eyecta la pregunta que rebota en mi cabeza e impacta directo mi corazón ¿lo vas a tener? Pum! Mi cara perpleja, mi no entender la pregunta, mi cuerpo tembloroso, me quedo en silencio un momento y respondo: Sí, claro. ¿Qué otra cosa podía hacer? Yo había decidido ser madre y su padre había estado de acuerdo, no existía otra posibilidad para mi. Pero la frialdad de la pregunta aún resuena en mi cabeza, hacerme cargo de lo que venía era el único camino. Hoy 14 años después experimento la misma pregunta no sólo de la doctora que me atendió sino de varias personas a mi alrededor y aún me sigue impactando. Pienso que a los casi 40 años un hijo no viene por accidente y mucho menos por casualidad, no voy a dar detalles de la concepción de mi niña pero puedo decir que sentí el mismo Destello Mágico que dio vida a mis dos hijos anteriores Catalina y Joaquín. 

Después de 10 años de mi última concepción esto no puede ser otra cosa que la mismísima obra de Dios y yo no soy quien para interrumpir semejante regalo que me da la vida, con el agregado de que va a llega para mi cumpleaños número 40 en 2022. Literalmente es un regalo. Claramente es un desafío. ya me había dado de baja de una nueva maternidad y estaba llorando el desapego con mi hijo varón que a sus 10 años ya le toca despegarse de las alas de mama.

Vuelvo a la pregunta que yo también me hice ante la sospecha de embarazo y la confirmación con un Evatest. Nunca dudé en tenerlo, sí del cómo y del dónde. Tampoco fue casual el con quién y eso me deja tranquila.

Ante el shock de ver las dos líneas que daban positivo lloraba y me reía a la vez. Llamé a mi amiga para que viniera. En estos momento la compañía de otra mujer es esencial. Enseguida una ola de miedos se apoderaron de mi ser, miedos que voy disipando a medida que todo avanza y que todo va bien. No me daba miedo a ser madre, la experiencia ya la tenía, pero sí que mi estado físico, emocional y mental no estuviese a la altura de las circunstancias. Sin embargo, todo esto vino como una renovación para el alma, los primeros meses los pasé tirada en la cama con toda mi energía consumida a la creación, meses que han sido de mucho aprendizaje, de sombras y revisiones existenciales, como si mi bebé me dijese «mamá ya te toca dejarse de j****» y ese dejarse de j**** implicaba dejar las exigencias cotidianas de lado y vivir en paz conmigo y con lo que la vida trae. 

No juzgo para nada a quiénes deciden interrumpir un embarazo por las razones que sea y siento que si hoy las mujeres tenemos esa posibilidad de elegir, podemos tomarla sin juzgarnos entre nosotras.

Ser madre.

Cómo tantas otras cosas que dije que no iba a hacer nunca en la vida y las hice, una de ellas ha sido Ser madre. En la niñez esperaba ser monja, así que esta posibilidad estaba vedada para mí si así lo hubiera hecho. En la adolescencia mi espanto por la maternidad creció aún más ante la idea del parto nomás pero el tiempo fue pasando y fui tía de dos hermosas niñas, con la segunda tuve una conexión muy amorosa y adoraba hacerla dormir en mis brazos cantándole canciones de Bon Jovi en voz baja mientras era muy bebe. En aquellos momentos yo muy adolescentes ya iba sintiendo un amor diferente, inexplicable con palabras. Era entre ternura y derretimiento. Una amiga fue madre con 18 años y otra amiga con 20. Sin embargo yo estaba muy lejos de todo aquello. Aunque la idea ya no me parecía tan descabellada. Por aquella época, en la casa de mi novio de aquel entonces, vino un bebé de acogida, Francisco se llamaba, yo adoraba sentarme al lado de su cuna y observarlo, pasaron unos meses y mi amor por aquel bebé creció inexplicablemente, mis deseos comenzaron a despertar. Pero aún lo veía como algo muy lejano.

Ya viviendo en España casada y con todos los vientos económicos de favorables, se pueden imaginar, vuelve a despertar el deseo y nos disponemos a buscar con mi marido de aquel momento a nuestra primera hija. Deje fumar, dejé las pastillas anticonceptivas y me olvidé del tema… A los 4 meses comienzo a sentir los síntomas ya mencionados anteriormente. La primera de mis hijos ya había tomado posición. A los 2 años vuelve el deseo de agrandar la familia pero no era un buen momento así que adoptamos un perro. Dos años más y a mis 29 años nace Joaquín. A los pocos meses decido volver a la Argentina. Sola con una nena de 4 años, un bebé de 7 meses y una perra. Nos acomodamos en casa de mis padres un tiempo y es aquí donde comienza la verdadera aventura a los meses me había separado y me tocaba volver a empezar como madre soltera pero nunca sola.  Ser madre no fue tarea fácil, siempre fui muy exigente conmigo y con mis hijos, quería que todo estuviera perfecto pero no era así. Los primeros años fueron criados mayormente por mis padres, donde pasaban la mayor cantidad de tiempo mientras yo trabajaba y estudiaba en pos de lograr mi Independencia económica. Mis padres siempre fueron un respaldo y un gran sostén y a veces también un gran dolor de cabeza. No obstante nunca estaba feliz con el tipo de madre que era, vivía nerviosa, estresada a causa del trabajo, no llegaba a ser la madre que deseaba ser. Poder congeniar profesión, maternidad, vida amorosa, vida familiar y 1000 etcétera ha sido y es aún un gran desafío. He logrado muchas cosas durante todos estos años hasta hoy, pero lo que más agradezco de mí maternidad es haber podido ver a mis hijos como grandes maestros, porque ellos me empujaron a mí desarrollo personal, en los momentos en que no podía más, ellos me anclaron a la vida, por ellos trabajé para convertirme en un mejor ser humano y logramos juntos mantener una armonía. Hoy veo a Catalina y a Joaquín y admiro lo grandiosos que son y han sido. A su corta edad son sabios, líderes y sobre todo buenos seres humanos. Hoy compartimos el camino con un nuevo retoño, otra maestra, Helena. 

Fue un arduo trabajo para mí reconocerme como mamá.  Aceptar mis imperfecciones como tal y mi propio desamor. No he sido una mamá cariñosa, claramente no he sido una mamá tradicional para nada y eso me ha pesado en mi mapa mental de lo que debería ser una madre. Yo no encajaba para nada con lo que era en la realidad. Por un lado sentía el deseo de quedarme en casa con mis hijos al estilo Susanita Pero por otro lado tenía la necesidad económica y profesional de realizarme en este sentido como dije antes. No fue fácil amalgamar todas mis facetas con la de ser madre. Hoy pasados 15 años de maternidad, en el contexto en que vivimos afirmo que, contrario a lo que se cree, que con un bebé se termina la libertad, en mi caso fue todo lo contrario, me doy cuenta que hice todo lo que me propuse y mis hijos fueron mi motor, no mi obstáculo y la maravilla de pensar por tres y no solo por mí y ahora por 4 me ha abierto muchos caminos. Entiendo también que a pesar de tener diferentes parejas mis hijos siempre fueron míos y son mi familia más íntima. Ellos me conocen mejor que nadie, saben quién soy. Ellos han vivido mis alegrías, tristezas, luces y sombras y se han adaptado al mundo que les proponía vivir de una manera maravillosa.

En mi deseo de recorrer el mundo, ellos están siendo mis mejores copilotos. Mi vida es impulsada y mejorada gracias a ellos.

Mi cerebro esta creando un ser humano.  El poder de la manifestación.

He declarado casi por la fuerza tomarme un año sabático. Eso quiere decir que no voy a correr detrás de ninguna tortuga, de ningún objetivo. Voy a dejar que la vida se manifieste. Estamos educados para el trabajo y el sacrificio y hace tiempo que ya vengo experimentando en mayor o menor medida el poder de la manifestación. De no haber sido por este nuevo embarazo me hubiera embarcado en alguna otra carrera hacia algún otro objetivo específico pero me doy cuenta que estoy siendo llamada sólo a la manifestación del universo dentro de mi.

La creación de un ser humano, lejos está de ser una carrera hacia algún lugar, sino es una nueva mirada hacia adentro, a prestar atención a lo que sucede. Nunca había sido tan consciente de ello como ahora. En mis embarazos anteriores trabajé, me ocupé de lo cotidiano, estaba inmersa en un gran ruido mental. Esta vez, a pesar del desajuste económico que se puede ocasionar a causa de mi no trabajar, estoy convencida que se puede y decidí vivir este embarazo desde la tranquilidad. Mis trabajos siempre me han exigido el uso pleno de mi consciente e inconsciente puestos al servicio. Y por eso, esta vez, dejo la persiana baja.

El momento de creación de un ser humano debería ser en esencia un tiempo de reflexión, de preparación consciente para dar luz a la nueva vida que se gesta. Infinitos mensajes llegan a través de esta nueva alma si sabemos escucharla. Por eso decidí escribir mientras la gestación toma lugar, ello me permite conectar con la sabiduría de este nuevo ser y ambas somos uno. De otra manera estaría distraída y esta conexión no sería posible.

Agradezco estar en casa sin necesidad alguna de salir. Estar conmigo misma en estos tiempos es un privilegio, cuando todos corren de acá para allá para aprovechar la temporada. Mientras al mundo lo rige una mente, a mí me rige mi vientre, es el el que ordena, el cerebro solo acata su orden, la fuerza sale desde este espacio en mi interior. Sabe qué sí y qué no. Es maravilloso poder atender a este lenguaje.

Mi ideal de madre.

Repetidas veces me he preguntado qué significa ser una buena madre. Me decía en su momento que me gustaría ser como mi madre, siempre fiel, compañera, dispuesta para mí. Pero en realidad no. Porque sé que ella en su interior dejó de vivir su propia vida por nosotros, por mi hermano y por mí. Durante estos años de maternidad me he dedicado observar a las mamás. Lo primero que me salió fue aclararle a mis hijos que yo no sería como las de la tele. Siempre perfecta y sonriente, al contrario me han visto bruja, llorona, enojada, estresada, cariñosa, divertida y mil etcéteras.

Una mamá es un ser completamente imperfecto. Me costó aceptar esta idea. Me llevo mucho trabajo reconocer mis no puedo, yo debía ser como una especie de mujer maravilla, este era mi ideal. Los hijos en su amor incondicional aceptan lo que les viene dado y ellos me aceptaron. En una conversación con mi hijo Joaquín yendo a la playa me dice: «los hijos tienen que querer a sus padres» a lo que yo respondí que no siempre es así. El amor de los hijos se gana, no viene dado con el vínculo, hay hijos que deciden no querer a sus padres y padres no querer a sus hijos, el amor se desarrolla a través del tiempo y con dedicación. A lo cual él me responde «vos te ganaste mi amor, sos la mejor mamá del mundo. Va, la única». Le agradecí y agregué «hacemos lo que podemos, con lo que tenemos, creyendo que es lo mejor».

Mi reflexión sobre esto deviene a todo lo que se supone que una madre debe ser según el contexto social y espacio temporal en qué nos encontremos. Los hijos eligen a sus padres más allá de la biología. Ellos prestan mucha atención a quién desarrolla el rol de mamá o papá que no siempre son las personas que los traen al mundo y aún siendo adultos podemos identificar esas energías en otros adultos que cumplen estos roles aunque sea temporalmente.

¿Vivir sin un padre?

Al momento de convertirme en madre soltera nuevamente y por decisión propia surgieron preguntas en muchas personas de mi entorno tales como ¿Y de quién es? ¿Y el padre se hace cargo? ¿Cómo vas a hacer? y así la lista es extensísima.

Todas estas preguntas me sirvieron de espejo para respondérmelas a mí misma también. Cuando vi las dos rayitas positivas del Evatest en mi cabeza surgieron preguntas también, lo tengo, no lo tengo, sigo adelante, cómo sigo, qué pasa si sí, qué pasa si no, ya así la lluvia de dudas. Lo primero que me respondí es sí lo voy a tener y voy a seguir adelante independientemente de las circunstancias. Y en la medida que iba avanzando la gestación iba respondiendo todo tipo de cuestiones, miedos, dudas, que surgían en mí misma y en mi entorno.

A la pregunta ¿Cómo sigo? la respuesta vino fácil, -como siempre. Porque mirando hacia atrás desde mi separación con el padre de mis hijos mayores me convertí en una mamá soltera pero nunca estuve sola y eso ha sido un gran aprendizaje. Con el tiempo aprendí que más allá de las circunstancias siempre hay un padre. Es un error pensar que las mujeres somos mamás y papás a la vez, yo también lo creí durante mucho tiempo y lo que no me daba cuenta es que por ocupar los dos lugares no dejaba espacio para un otro. No sólo no dejaba espacio sino que el resultado no era sano para mí ni para mis hijos. Me llevó tiempo comprender que siempre hay un padre, siempre hay un progenitor aunque no siempre sean la misma persona. Pero traemos el chip recargado con una información que nos condiciona y no damos lugar a que la vida se manifieste tal y como es. Por nuestro propio dolor, a menudo negamos al hombre que dio vida también a la semilla que se desarrolla en nuestro vientre y desde una mirada sistémica todo debe ser incluido, el universo es inclusivo.  No juzgo a quién lo haga, al contrario, empatizo e invito a la reflexión.

Estamos acostumbrados a marcar con el dedo al padre o a la madre que se fue, al que está y no está, al que está demasiado o la clase de padre o madre que es y así un sinfín de cuestionamientos.

En mi proceso de separación del padre de mis hijos aprendí mucho y sigo aprendiendo y hoy le digo gracias a él y a mí, gracias por la huella que quedó en mí y hoy puedo verlo con buenos ojos. Una vez escuchando una conferencia de Wayne Dyer, el escritor y conferencista, explicaba que vivió enojado con su padre durante más de 20 años por haberlos abandonado y todo lo que eso significaba en su vida. Sin embargo él estaba agradecido hoy en su adultez, al buscarlo e Investigar sobre su padre, descubrió que había muerto y que su vida no había sido fácil, que había sido alcohólico y desdichado. En aquel momento Wayne tomó conciencia de que lo mejor que le había podido pasar era haber vivido lejos de todo aquello y le agradeció.  Pudo darle un lugar de paz en su corazón.  Con este pequeño relato quiero remarcar la importancia de no juzgar y de tomar la vida tal y como es y hacer algo bueno con ella.

En mi caso, mi padre siempre estuvo presente físicamente pero ausente emocionalmente. Una figura que marcó mi vida tanto con cosas buenas como no tan buenas. Mucho tiempo estuve enojada, juzgué la clase de padre que era y más de una vez pude decírselo. También lo juzgué como pareja, viéndolo como un mal marido, ejemplo de autoritarismo, machismo, egoísmo y algunos otros ismos me impulsaron a revelarme a muy temprana edad. Tenía el don de no cerrar la boca y decirle lo que pensaba aunque las consecuencias no fueran las mejores, sin embargo siempre estuvo ahí y de él pude aprender muchas cosas útiles para mi vida adulta hoy.

Cuando de descubrí las constelaciones familiares comencé a tomar conciencia de la importancia que es tomar a los padres, padre y madre tal y como son porque lo que rechazamos se manifiesta siempre para ser integrado. Y así también pude comprender a mis parejas y tomar lo mejor de cada Ser.

Hoy con 40 años, una experiencia de maternidad en pleno desarrollo, puedo, después de todo aquel trabajo interior, tener una relación sana con los padres de mis hijos, porque entiendo que, así como yo soy la madre que puedo ser, cada ser humano es quién puede ser, quién quiere y siente ser.

Esto no niega ni sentimientos, ni emociones, ni situaciones, que se pueden llegar a generar con cualquiera de nuestros vínculos, pero, si podemos tomarlo tal y como son, podemos darles un lugar de paz en nuestro corazón y vivir en paz con eso, Paz que nos libera a nosotros y a los otros y a las futuras generaciones.

Por esto invito a reflexionar sobre la pregunta inicial ¿vivir sin un padre? (o sin una madre)

Siempre la vida nos brinda lo que necesitamos. Y si alguno de nuestros progenitores no está presente por la causa que fuere siempre va a haber alguien o «alguienes» que cumplan ese rol desde el amor y desde la decisión de hacerlo. Queda en nosotros integrarlos y dejar el espacio abierto para que esto suceda. Esto se da a lo largo de toda la vida, porque desde que vivo lejos de mis progenitores por elección sana para mi salud mental emocional y física, puedo enumerar un sinfín de personas que han cumplido ese rol a lo largo de mi camino, a los cuales les estoy infinitamente agradecida, porque todos nutrieron mi corazón, me han enseñado y han dejado parte de sí en mi ser.

A mis progenitores les digo gracias, a mis padres y madres del alma les digo gracias y también me agradezco a mí misma por permitirme vivirlo y estar en paz. También agradezco a mis hijos por elegirme, por enseñarme tanto. Gracias por este gran Sí a la vida. Gracias a sus padres por el desafío de ser madre y aportar la semilla para que esto suceda. Gracias por esa manifestación en mí.

Una cosa que me gustaria agregar antes de cerrar este apartado, es especialmente enfocado hacia las mamás solteras, Hace unos días leyendo un artículo en dónde describía cuáles son las cosas por las que pasamos las mamás que estamos solas, y la verdad no estoy de acuerdo con la idea de la soledad y con la idea de que porque estamos solteras y no hay un padre todo recae sobre nosotras. Hubo un tiempo que sí lo pensaba así y con el tiempo me fui dando cuenta y hoy lo confirmo en mi experiencia personal que una puede elegir estar soltera pero nunca va a estar sola, y que depende de nosotras enfocarnos en el vaso casi lleno y no en la parte media vacía porque que no haya una sola persona a nuestro lado eso no quiere decir que no haya otro sin fin de seres humanos acompañándonos. En mi caso qué siempre fui madre soltera y hubo a mi alrededor persona en todos los lugares y en todos los tiempos acompañándome en este gran camino que es la maternidad, a los cuales hoy por hoy les estoy agradecida infinitamente. Sí solo me hubiera enfocado en la parte faltante o distante en este caso no hubiera dado lugar a recibir todas las bendiciones que he recibido y que hoy aún sigo recibiendo a todas esas personas también les digo ¡Gracias! 

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