Intoxicados

Comienzo este apartado dando gracias sincera a quienes han sido parte de este proceso de aprendizaje, a quienes me han enseñado tanto y también doy gracias a todas las experiencias buenas y no tan buenas por las cuales hoy puedo escribirte.

Todo lo que se relata es en pos del crecimiento mutuo y dejar plasmado una evidencia que puede ser útil para quién se sumerja en estas líneas. Te podrás sentir identificado o no, estar de acuerdo o no, pero lo cierto es que hablo desde la experiencia y no tanto desde la teoría. Aunque la teoría de mi formación en psicología holística me ha ayudado a comprender mejor todo lo que se experimenta en la práctica.

Siempre he sido una buscadora incansable de respuestas y me han dado la oportunidad de vivenciarlas algunas en persona y otras muy de cerca.

En los tiempos que corren se ha puesto muy de moda hablar de relaciones tóxicas. A lo cual ha llegado a la conclusión de que las relaciones no son tóxicas en sí mismas, las personas sí.

En mi ebook En Amor Arte describo una serie de acciones que facilitan el desarrollo del amor propio, se los recomiendo porque la primera relación que hemos de sanar es la relación con nosotros mismos.

De ahí partimos.

En realidad, primero deberíamos revisar nuestra relación con nuestros padres. No nos olvidemos que ellos, presentes o no, han dejado una huella casi imborrable pero imperceptible desde nuestra primera infancia.  Les recuerdo que escribo para traer a la luz aquello que mientras siga operando desde las sombras nos manejará cual marionetas con un hilo invisible.

¿Y para qué traer a la luz todo esto? Pues, de esta manera podemos cortar esos hilos de manera consciente y hacernos mejores dueños de nuestra propia existencia.

Cuando pienso en intoxicados pienso en lo que se manifiesta de manera visible, aquello que nos intoxica realmente y que podemos elegir si queremos o no seguir consumiéndolo. Esto aplicase para personas, situaciones y cosas. Cuando hablo de consumir me refiero a sumirnos con aquello que no nos hace bien. Y para poder elegir tenemos que saber cuáles son nuestras posibilidades reales. Estamos en una era donde la información se expande y cualquier tipo de virus puede colarse en nuestra existencia y condenarnos a una vida desagradable y desdichada sin entender el por qué.

Y también pienso en lo no visible, aquello que nos viene dado y que no somos conscientes, esto es lo que hay que traer a la luz…

Mi primera intoxicación

Siempre me ha gustado darle una vuelta de rosca a todo y hallar un sentido más profundo, en este caso a la moda de las toxicidades. Y también poder empatizar con la mirada del otro para poder comprenderlo mejor. En lo personal puedo decir que he vivido relaciones de las que se llaman toxicas en mi proceso evolutivo desde el alma hoy las agradezco. Porque me han enseñado muchas cosas que hoy puedo plasmar en estos escritos. Me han llevado a elegir mi estilo de vida.

Pero, ¿qué es lo que nos intoxica? Vayamos a nuestras primeras relaciones, la relación con nuestros padres. ¿Acaso no crecemos absorbiendo gratuitamente emociones ajenas? Desde que somos concebidos ya sentimos todo lo que sienten nuestros padres, lo que pasa es que no somos conscientes de ello. 

A los días de haber nacido, según  me cuentan, me tuvieron que internar por ictericia, lo cual quiere decir que mi piel se puso amarilla y mis ojos de color rojo sangre. Necesitaba una transfusión porque casi me voy para el otro lado y no la cuento. Yo había escuchado la historia de cómo llegué al hospital, en aquel momento mis padres vivían con mi hermano de 7 años en una casa muy precaria rodeada de quintas en un barrio alejado de la ciudad de Mar del plata, actualmente llamado Batán. Por los años 80 en pleno junio, se imaginan el frío que hacía y lo inhóspito que era el lugar. Según la historia mientras mi madre tuvo que salir de noche a buscar alguna alma caritativa que nos llevase al hospital. Me deja entonces en casa de los vecinos envuelta en una manta y ellos le cuentan que cuándo abren la manta, mis piernas estaban heladas y que yo parecía no respirar, por eso me acercaron al calor de la chimenea y reaccioné o sea ictericia más hipotermia, casi muero. Ahora entiendo porque amo las chimeneas. Si vamos a la raíz emocional según el diccionario bio-descodificación la ictericia, manifiesta un conflicto de rencor vivido por la madre embarazada y yo lo tomaba todo durante mis días de gestación y lactancia. ¿Con quién estaba enojada mamá?

Ya me estaba intoxicando desde el vamos, tomamos todo lo que nuestros padres inconscientemente nos transmiten a lo largo de los primeros años de vida. Y así fui desarrollando una inmensa rabia contra mi padre por los malos tratos que sufría mi madre y este fuego era alimentado por ella al decirme “tu padre de tal cosa, tu padre tal otra”.

Sin entrar en detalles, a mis 16 años, cansada de ciertas situaciones armé mi mochila de campamento y le dije a mi madre “nos vamos”. Recuerdo ese día fumar todo el día como acto de rebelión, esperando que mi madre decidiera armar su bolso e irnos. Pero por el contrario llegada la noche, sentadas en unas reposeras en el patio de la casa, me dice “no nos podemos ir”. Mi sentimiento de indignación, furia, sorpresa y decepción se desataron contra ella pero no dije nada. Llore porque no entendía, sí podíamos, ¿qué la detenida? Y así seguí mi vida con ellos y les advertí que si seguían así, maltratándose, la que se iba ir era yo. Las peleas menguaron pero no desaparecieron, sólo se escondieron debajo de la alfombra. Conviví con ellos hasta mis casi 20 años y me fui definitivamente. Todo ese tiempo fui participe involuntario de una relación altamente nociva y que hoy día lo sigue siendo.

La relación entre mis padres si bien me enseñó muchas cosas buenas también es un gran ejemplo de lo que no deseo para mi vida y digo nociva porque tanto mi madre como mi padre desarrollaron enfermedades emocionales que hoy día me pregunto si se podrían haber evitado.

Este es un gran patrón que sea repetido por generaciones.

Hoy, en 2022, tenemos y gozamos de la libertad de elegir, no obstante no quiere decir que no siga sucediendo. Primeramente para sanarme yo y la calidad de mis relaciones he tenido que trabajar la relación con mis padres, sanar a mi niña interior quien aún encuentra secuelas de aquellas historias.

Entonces lo que hoy llamamos toxicidad no es más que una manifestación exacerbada reflejo de todo aquello que no ha sido trabajado y trascendido de aquel niño al adulto que somos hoy. Nos muestran niñas y niños heridos que van por la vida en busca de un amor a cualquier costo, incluso si el costo es la propia dignidad o la propia vida.

No obstante, si deseamos construir relaciones sanas, no podemos quedarnos mirando a mamá y papá echando culpas. Debemos hacernos cargo de nuestro presente y tomar consciencia, ser los responsables de nuestra propia historia, escribirla a nuestra manera, dando gracias a nuestros progenitores, presentes o no, por darnos la vida y hacer algo bueno con ella.

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