Cuando tus ojos se acostumbran

Una vez me dijeron No uses lentes porque el nervio óptico es muy vago y se acostumbra fácilmente a no trabajar. Como no veía bien igual usé mis lentes y eso me permitía ver con claridad, pero mis ojos se fueron acostumbrando a todo aquello que veía, lejos de necesitar nuevos lentes empecé a buscar nuevas cosas para ver y así encontré nuevos paisajes, nuevas personas, nuevos libros…

Un buen día me pregunté qué pasó con aquello que veía y que me parecía tan maravilloso y que poco a poco fue perdiendo el encanto, el encanto de lo nuevo, el encanto de lo diferente, el encanto en sí mismo.

Volví a mirar para ver si seguía viendo de la misma manera, me quité las gafas pero ya no era igual, aquello a lo que mis ojos se habían acostumbrado a ver cada día había cambiado rotundamente.

Y entonces volví a mirar no era cuestión de ponerme o sacarme las lentes, no era cuestión de volver a mirar, no era cuestión de cambiar lo que estaba mirando, la que había cambiado era yo, en mi forma de mirar, miraba con otros ojos, miraba con otra información, miraba con otra emoción, miraba desde otro estar siendo.

Todo aquello que un día nos parece maravilloso, puede dejar de serlo y aquello a lo que nunca le habíamos prestado atención nos pueden parecer una joya interminable, todo depende del momento en el que estamos en la vida, de los ojos con que miramos y de la lente que nos ponemos para mirar, por eso cuando los ojos se te acostumbren a algo o a alguien pregúntate, quién estoy siendo que veo lo que veo y cómo lo veo?

Y si eso que ves ya no deslumbra a los ojos de este nuevo ser, permítete dejar de mirar, permite cambiar, permítete buscar nuevos paisajes.

No dejes que tus ojos se acostumbren…

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